jueves, 26 de mayo de 2011

FORAJIDOS (1946)








Forajidos
The Killers
Estados Unidos, 1946
D: Robert Siodmak.
G: Anthony Veiller.
F: Elwood Bredell, en blanco y negro.
G: Miklós Rózsa.
R: Burt Lancaster, Edmond O'Brien, Ava Gardner, Sam Levene, Albert Dekker, Virginia Christine, Vince Barnett, Charles Brown y Charles McGraw.
103 m.

Robert Siodmak nunca tuvo el reconocimiento que se merecía. Tan solo muchos años más tarde, los críticos, sobretodos los franceses de la Nouvelle Vague reconocieron como obras maestras algunos de sus títulos como: Los hombres del domingo (1930), El sospechoso (1944), La dama desconocida (1944), La escalera de caracol (1945), Pesadilla (1945), A través del espejo (1946), Una vida marcada (1948), El abrazo de la muerte (1949), El caso de Thelma Jordan (1950) o diablo ataca de noche (1957) y muy especialmente El temible burlón (1952) y la película que comentamos, Forajidos (1946).

Estamos en una de las obras maestras del cine negro americano, y en uno de los pelares del genero en la década de los cuarenta. Basada en un relato corto de Ernest Hemingway, y con guión de Anthony Veiller (acompañado por Richard Brooks y John Huston, aunque estos no fueron acreditados, aunque escribieron buena parte del guión hasta que Veiller lo hiciera definitivamente). También Don Siegel tuvo en sus manos el guión del film y veintidós años después filmo un excelente remake titulado Código del Hampa (1964).

Gracias al éxito del film, el director se consagro definitivamente, y la industria le confió a partir de ese momento algunas películas, generalmente también film negros, con estrellas. Ava Gardner y Burt Lancaster (en aquellos momentos desconocidos) también se convirtieron en estrellas y volvió a contar con ellos más adelante, pero por separado en dos de sus películas más reconocidas…
Siodmak no quería ninguna cara conocida para los papeles del film. De esa forma Lancaster debutaba en el cine, mientras que era la quinta aparición de Gardner en la gran pantalla (aunque sus papeles hasta ese momento habían sido insignificantes). Para el tercer papel del film se eligió a Edmond O’Brian que pese a que había interpretado a algún protagonista llevaba un tiempo sin salir en cine, por que había estado combatiendo en la segunda guerra mundial y reedebutaba en este film.

La primera secuencia del film (los que están basados directamente en el relato de Hemingway) es realmente aterradora e intimidatoria. Dos mafiosos con modales violentos llegan a un pequeño pueblecito buscando al sueco. Estos entran en una cafetería medio vacía, tras intimidar a los clientes. Cuando se quedan solos con el camarero le preguntan a los trabajadores si conocen al sueco. Al no recibir la información que estos querían abandonan el lugar dejando tras de si un rastro de muerte y destrucción totalmente gratuita. Acto seguido un chaval advierte al sueco, que corre peligro. Este indiferente responde “Estoy harto de huir”. Envueltos entre las sombras aparecen los matones, el sueco no se mueve, se limita a mirarlos, a terminarse el cigarrillo y a abandonar la vida. Se tratan de diez minutos modélicos, que hacen pensar al espectador… ¿Qué ha pasado anteriormente? ¿Por qué han matado al sueco?

El resto de la película se limita a buscar respuesta a esas preguntas mediante la investigación de Jim Reardon (un agente de seguros) que debe buscar a los herederos de Ole ‘el sueco’ Anderson, a los que ha dejado una póliza de 250 dólares. Este personaje se va entrevistando con personas que había conocido a el sueco en vida y mediante flashbacks, vemos conociéndolo nosotros también y vamos reconstruyendo el puzzle de su vida y cerrando esas preguntas abierta s en los primeros minutos del film.

A sabiendas que es arriesgado comparar los estilos de Siodmak y Quentin Tarantino he encontrado varios paralelismos. El uso de la violencia más cruda (a diferentes escalas, por que lo que escandalizaba en 1946, ni mucho menos era lo mismo que en 1994 cuando el realizador de Knoxville hizo su Pulp Fiction), el desorden argumental base de flashbacks (algo que siempre han atribuido a Tarantino, pero que Welles en Ciudadano Kane, ya había utilizado cinco años antes, que Siodmak en Forajidos). El realizador huye de la violencia fácil, sino que la convierte en rebuscada y cruda, tampoco abusa de las luces y sombras tan típicas del cine negro, creando un mundo oscuro donde la violencia esta presente, pero no siempre se sale de esas sombras, creando una sensación estresante y perturbadora en el protagonista, pero también en el espectador.

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