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martes, 20 de octubre de 2009

LAS UVAS DE LA IRA (1940)

Seguimos con los imprescindibles con un gran clasico basado en la fantástica novela homónima de John Steinbeck, hizo que su autor recibiese el premio Pulitzer en 1940 y el Nobel en el 1962.

La cinta nos lleva a la America rural de los años 30. El país todavía sufre el desastre económico de del crack del 29 y en los estados de la America profunda, miles de granjeros intentan sobrevivir ante la Gran Depresión. Los Joad son unas de estas pobres familias de granjeros. Resignados después de que les expropien sus tierras se ven obligados a dejar su rincón de Oklahoma recorrer todo el estado en una vieja y destartalada camioneta, en busca de tierras donde puedan contratarles como jornaleros. Sin embargo, son muchas las personas en su misma situación, y el trabajo y la comida escasean. Solo les queda una única esperanza, emigrar a California, donde parece que si que hay trabajo para todos.

Steinbeck escribió una novela muy polémica en su época, ya que exalta los valores de la justicia y la dignidad humana en una Norteamérica que vive su etapa más triste, en cambio John Ford dio un paso más hacia delante cuando decidió substituir la compasión y la generosidad por una ideología revolucionaria, aquella de quienes no tienen pero además ven las injusticias en su vida. Esta es una pelas pocas películas de la época que se atrevió a rodar lo que estaba pasando en el interior del país. Hollywood le había dejado esa tarea a la fotografía y a la literatura. Pero quien mejor que Ford junto a su inseparable Henry Fonda para hacer una película tan necesaria como desgarradora.

El film tiene las estructuras de un western (recordemos, que estamos hablando de una película de Ford) reinsertándolas en un marco más moderno. De hecho la diligencia es reemplazada en esta ocasión por la desvencijada furgoneta. Además también vemos de nuevo el éxodo, algo que Ford repetiría después cambiando a los granjeros por mormones (Caravana de Paz, 1950) o por indios Cheyennes (El gran combate, 1964).

No puedo terminar sin acordarme del monologo final de Jane Darnell, que interpreta a la matriarca de la familia: Estamos vivos. Somos el pueblo que sobrevive a todo. Nadie nos puede destruir y nade nos puede detener. Le hacemos frente a todo. Existiremos siempre. Ni que decir tiene que sí este discurso se hubiese pronunciado diez años después, el Senador MacCarthy la hubiese tachado de antiamericana… Y tal vez no esa entrada nunca hubiese existido...


PD: El café de Rick ha superado las 1.000 visitas y todo gracias a vosotros. Tanto a los que participáis, como a los que me leéis... Muchas gracias!!! Gracias a todos!!! Un abrazo